estamos de lutoEstoy buscando información sobre las fases del duelo, pero la información es inútil en el estado en el que me encuentro. Según las 5 fases famosas, me encuentro en la tercera: la ira. En eso sí que estoy de acuerdo. Estoy cabreada con un Dios, del que dudo su existencia, que ha permitido una de las mayores crueldades que he vivido. Estoy cabreada con el mundo, la medicina, la biología, las tabacaleras, los gobiernos y con todo Cristo que se me ponga por delante.

Y no me vengan con lo del plan divino y la voluntad insondable de la divinidad que me han repetido incesantemente estos días porque… ¡¡¡porque no me lo trago!!! Es una respuesta-tipo creada para dar una respuesta a lo inexplicable, para calmar una rabia y un dolor agarrado al alma que no se cura con palabras… Frases usadas, exagerada y mecánicamente, vacías de sentimiento y contenido que aumentan más la rabia que inunda mi alma.”Te acompaño en el sentimiento… lo siento… se ha ido a un lugar mejor… ahora por fin descansa… es la voluntad de Dios… es ley de vida… bla, bla, bla” ¡¡¡Memeces!!! Tengo los oidos saturados de tanta verborrea, dicha con la mejor intención, de los amigos y allegados (también de espontáneos desconocidos que se mueren por cumplir) dentro del “teatro” que supone un funeral, pero que todos sabemos que es inútil, frívolo y aparente.

Sólo hay una realidad… Paco ha muerto. No ha podido luchar más. El cáncer le ganó la partida. Esa es la única verdad y la única frase que sí tiene un peso en muchos corazones, que sí tiene un demoledor contenido, pero sigue sin tener sentido para mi mente. Se fue, ¿es el final? ¿Hay un después cuando no crees que lo haya? Esa es la tortura de la incoherencia y de la esperanza. Ojalá lo haya porque él lo creía, ojalá esté en otra dimensión y su vida no haya acabado para siempre… pero esa esperanza que a muchos basta para calmar su sufrimiento… a mi no me vale porque necesito certezas en medio de unas creencias, de una fe y de una esperanza que no poseo.

Muchas veces, durante su enfermedad, he intentado escribir sobre él. Robar a mi corazón las palabras justas que expresaran lo que significa para mi, pero mi mano se negaba a escribir porque me sabía a despedida y no quería eso. Lo postergaba para poder hacerlo como celebración de una recuperación. Recuperación que no llegaba, que se demoraba y que finalmente no ha llegado. Ahora también me cuesta porque no quiero caer en el típico que maravilla de persona era –que sería la verdad- pero no quiero caer en topicazos.

Simplemente, Paco fue una persona sencilla, cercana y humilde que afrontó todas las adversidades que le presentó la vida con fuerza, orgullo y tesón. Trabajó para sacar a su familia -¡y qué maravilla de familia tienes!- en su intento de darles todo lo que a él le faltó. Les transmitió todas sus virtudes, pero sobretodo la humildad, la honradez y la dignidad. Un gran hombre cuya aspiración era disfrutar de la vejez con su mujer en compañía de sus hijos y nietos… y aquí Dios, el destino, la fortuna… como narices quieran llamarlo les empezó a castigar. ¿Por qué? Si existe Dios no tiene perdón castigar al justo con tal desmedida habiendo suelto tanto hijo de…. sin castigo. Primero se cebó en él con una batalla que ganó, luego castigó a su mujer –la persona más buena que conozco y con una fuerza increíble- no una sino dos veces, luego le volvió a dar un palo más a él afectando a toda la familia… y no feliz Dios, el destino, la fortuna… le quiso dar la puntilla desoyendo rezos, ruegos y peticiones hechas con el corazón en la mano. ¿Esto es justicia? Esto es saña y desde aquí elevo mi queja a Dios como llevo haciéndolo cada día que miro al cielo. Paco también fue un hermano fuerte que ocupó el puesto de patriarca o cabeza de familia cuando su padre faltó. Un segundo padre para sus hermanos, un hermano más para sus cuñados y un tío y un segundo abuelo para sus sobrinos. Era un referente para muchas personas y eso hace que la pérdida para toda la familia, en su conjunto, sea mucho más dura. En resumen, una gran persona de la cabeza a los pies de la que nos enorgullecemos muchísimo y de la que presumo por el inmenso honor de haberla conocido.

¿Entienden ahora mi ira? Si, me dirán que la vida nunca es justa… Cierto es, pero como ya les he dicho… no me valen las palabras en estos momentos. Sólo me queda continuar con mi duelo y cuando tenga más fuerzas pondré en práctica lo que uno de mis tíos me aconsejó cuando perdí a mi abuelo: “No dejes que muera por segunda vez”. Y no lo permitiré. La segunda muerte es el olvido, así que mantendré su recuerdo muy presente, su presencia la tendré en mi alma y los momentos vividos atesorados en mi corazón y compartidos con mis familiares. Si no hay más allá, en el más acá seguirá vivo y junto a los que le queremos.

¡¡¡Te quiero mucho, tío Paco. Muchísimo!!!