Espectacular foto con rayosLos que me conocen saben que me encantan las tormentas… desde la protección de mi casa. Si una tormenta eléctrica me pilla en la calle o en mitad del campo… es difícil que pueda controlar mi nivel de nerviosismo que casi rozaría el pánico según se presente la situación. ¿Por qué tengo tanto miedo a los rayos? Será porque conozco las repercusiones que pueda tener si uno te alcanza y que es más habitual de lo que la gente cree.

La primera vez que leí sobre los efectos de la caída de un rayo fue en mi tierna infancia en un suplemento dominical de la prensa para infantes llamado “Gente Menuda”. No sólo daban características de un rayo (potencia, fuerza, calorías y demás…), también acompañaban de un decálogo de actuaciones en caso de tormenta eléctrica (no refugiarte bajo un árbol, no correr, no portar objetos metálicos, huir de las zonas de corrientes…). Aquéllo despertó en mi infantil mente un miedo y un hondo respeto por este fenómeno atmosférico que hoy en día me sigue maravillando como aterrando a partes iguales. Por este motivo, siempre que ha caído algo en mis manos sobre este tema, lo he devorado con inusual curiosidad para saciar mis preguntas y mi curiosidad.

Pero vayamos por partes… Empecemos por el principio: ¿qué es un rayo?

El rayo es una poderosa descarga electrostática natural, producida durante una tormenta eléctrica. La descarga eléctrica precipitada del rayo es acompañada por la emisión de luz (el relámpago), causada por el paso de corriente eléctrica que ioniza las moléculas de aire. La electricidad (corriente eléctrica) que pasa a través de la atmósfera calienta y expande rápidamente el aire, produciendo el ruido característico del rayo; es decir, el trueno. Suele tener las siguientes características:

  • Tensión entre nube y un objeto a tierra: 1 millón a 1.000 millones de Voltios.
  • Intensidades de descarga: 5.000 a 340.000 Amperios.
  • di/dt: 7,5 kA/s a 500 kA/s.
  • Frecuencia: 1 kHz a 1 MHz.
  • Tiempo: 10 μs a 100 ms.
  • Temperatura: superior a 27.000 ºC (unas cinco veces la temperatura de la superficie del sol).
  • Propagación del sonido del relámpago: 340 m/s (velocidad del sonido a 20ºC, a nivel del mar).
  • Propagación de la luz del relámpago: casi los 300.000 km/s (velocidad de la luz aproximada en el vacío).
  • Campo electrostático por metro de elevación sobre la superficie de la tierra: 10 kV/m.

Pero esto es sólo para los que entiendan estas cifras… para el resto son cosas que suenan a chino, pero que intranquilizan. Lo que si podemos asimilar son los sitios donde prefieren caer y las posibilidades de supervivencia a la caída de un rayo. Como es sabido, el rayo tiende a caer en lugares altos que lo conduzcan hasta la tierra, lugar a donde debe ir a parar. Por norma general un objeto que cubra el doble de distancia a la redonda que su altura; es decir, si un cuerpo mide 10 m, todos los rayos que caigan en un radio de 20 m caerán generalmente sobre él. El radio de acción de un rayo es de 120 metros y todos los equipos electrónicos y seres vivos situados en esta zona padecen una sobretensión.

En caso de sufrir la caída de un rayo, la probabilidad de muerte no es tan grande como puede parecer, ya que el 94% de los afectados sobreviven. No obstante, hay que tener presente que, si bien el impacto no resulta mortal, las secuelas pueden ser permanentes. Algunas de las consecuencias son las siguientes:

  • Pérdida de la consciencia, amnesia temporal o pérdida total de la memoria.
  • Funcionamiento irregular de órganos temporal o permanente.
  • Muerte de miembros u órganos.
  • Rotura de tímpano.
  • Pérdida de visión y daños en la retina.
  • Posible rotura de huesos por la onda expansiva.
  • Daños en el sistema nervioso.
  • Pérdida de la capacidad de sentir el frío, consecuencia que, aunque simple, resulta muy incómoda: es muy frecuente en personas con este problema contraer catarros, gripes, pulmonías e hipotermias, que pueden llevarlos a la muerte.
  • Paro cardio-respiratorio.
  • Daños cerebrales serios.

Aún teniendo la fortuna de no sufrir estas secuelas, son muchos los casos que precisan tratamiento psicológico para que el afectado olvide su accidente y el miedo que probablemente sienta por las tormentas, lluvias o incluso las simples nubes.

Como vemos… sufrir la caída de un rayo no es moco de pavo, pero cuidado. La mayoría de supervivientes no suelen recibir el impacto directo del rayo, sino una de las derivaciones de menor intensidad que salen del rayo principal. Pocos sobreviven al impacto con un rayo principal, salvo casos de gente que quedó inconsciente en la nieves o en charcas que gracias a la hipotermia mantuvieron sus constantes vitales como si estuvieran comatosos. Para evitar esta situación de riesgo hay que tener en cuenta las siguientes recomendaciones. Los lugares más seguros durante una tormenta eléctrica son los edificios y los vehículos -ahora entienden porqué me gustan las tormentas desde casa el interior de mi casa-, ya que conducen la electricidad hasta el suelo por su parte exterior, sin dañar a sus ocupantes.

Dentro de un edificio deben tomarse las siguientes precauciones:

  • Cerrar/alejarse de puertas y ventanas.
  • No asomarse al balcón o ventanas abiertos para observar la tormenta.
  • Alejarse de instalaciones eléctricas.
  • No usar teléfonos fijos, sólo inalámbricos o móviles (sólo en el interior… nunca en el exterior).
  • Cerrar las puertas al salir.
  • Alejarse de la chimenea y NO hacer fuego en ella o apagarlo si esta encendido. De las chimeneas asciende aire caliente cargado de iones, lo que aumenta la conductividad del aire abriendo un camino para las descargas eléctricas actuando como un pararrayos.

Dentro de un vehículo deben tomarse las siguientes precauciones:

  • Cerrar todas las puertas y ventanas.
  • No tocar partes metálicas del vehículo.
  • Por ningún motivo abandonar el vehículo.

En caso de que el individuo sea sorprendido por la tormenta eléctrica mientras se encuentra al aire libre, se recomienda lo siguiente:

  • En caso de haber un edificio o vehículo muy cerca, intentar llegar a él.
  • Alejarse de objetos altos (árboles, postes o cualquier objeto que sobresalga). Un árbol solitario por su humedad y verticalidad aumenta la intensidad del campo eléctrico. En cambio un bosque aunque sea pequeño (no un grupo de árboles) puede ser un buen refugio cobijándonos debajo de los de menor estatura.
  • Deshacerse de todo material metálico (piolets, bastones, mochilas con armazón…) y depositarlo a más de 30 metros de distancia. Los rayos aprovechan su buena conducción.
  • Alejarse de objetos y elementos metálicos como; vallas metálicas, alambradas, tuberías, líneas telefónicas e instalaciones eléctricas, railes de ferrocarril, bicicletas y motocicletas, maquinaria…
    La proximidad con grandes objetos metálicos es peligrosa incluso cuando no se esta en contacto con ellos, ya que la onda de choque producida por el rayo calienta sobremanera el aire lo que puede producir lesiones en los pulmones.
  • Buscar una zona que se encuentre un poco más baja que el terreno circundante.
  • No acostarse, ya que la tierra húmeda conduce muy bien la electricidad.
  • No echar a correr durante una tormenta y menos con la ropa mojada, esto es muy peligroso. Creamos una turbulencia en el aire y una zona de convección que puede atraer el rayo.
  • Intentar agacharse lo más posible, pero tocando el suelo sólo con las plantas de los pies en cuclillas.
  • No resguardarse en cuevas o accidentes geográficos similares, ya que se acumula el aire ionizado que aumenta la probabilidad de descarga.
  • Si notamos cosquilleo en el cuerpo, se nos eriza el cabello, o vemos brillar y echar chispas un objeto de metal HAY QUE ECHARSE AL SUELO INMEDIATAMENTE porque la descarga de un rayo es inminente.
  • Si se va en grupo es aconsejable dispersarse unos metros y adoptar las posiciones y precauciones de seguridad, en caso de ir con niños para evitar el pánico o el extravío mantener contacto visual y verbal con ellos. Si un rayo afecta a una persona las demás en contacto pueden verse afectadas por la descarga, por esto mismo también es recomendable alejarse de rebaños.

De pequeña, en el colegio, nos enseñaron una sencilla técnica para saber si la tormenta se acerca o se aleja. La técnica es un simple cálculo en el que tenemos que hacer lo siguiente: Como la velocidad del sonido en el aire es 340 m/s, para determinar la distancia a la que caen los rayos, sólo es necesario contar los segundos entre relámpago y trueno, y dividir este número entre tres. El resultado estará dado en kilómetros. Según este resultado, sólo se deben abandonar las medidas de precaución si la tormenta se encuentra a más de diez kilómetros de distancia (30 segundos entre relámpago y trueno), ya que pueden acercarse a gran velocidad. Y por último, otro truco, pero que no siempre es útil: Otro elemento para saber que el rayo puede “dispararse” en fracciones de segundo es el campo electrostático que eriza los pelos, preanuncio del “pulso electromagnético” capaz de afectar a cualquier dispositivo como cámaras, móviles… o marcapasos.

Todos recordaremos, la tormenta que se cebó en la zona de Alcázar de San Juan el año pasado. Calificada como una “supercélula” dejó caer toda su virulencia y acompañamiento eléctrico. En esta página un cazatormentas español -sí, no sólo en el Discovery hay cazatormentas, en España también- explica cómo fue la evolución de esta supercélula según su experiencia y con sus propias imágenes: TORMENTA DE ALCAZAR. La mayoría conocemos las consecuencias y todo lo que conllevó, pero ese es otro tema como la construcción en zonas tradicionales de cañadas. Vídeo: inicio, desarrollo, final, después.

Con todo lo relatado -siento la extensión- pueden preguntar porqué tanto rollo sobre los rayos. Pues bien, todo este largo escrito es para regañar, una vez más, a unos amigos que el otro día hicieron el gamba cuando les sorprendió una tormenta en la sierra. “¡¡No veas cómo nos hemos acordado de ti!!” -fueron sus primeras palabras al verme-. Y luego, los muy zopencos me contaron su aventura. Mis queridos amigos, fueron a pasar el día a una sierra cercana y a la hora de la siesta les pilló por sorpresa una tormenta. Empezaron las risas con chistes y chanzas de cómo una servidora se habría puesto si hubiera ido y visto en ese berenjenal a cielo descubierto -por suerte, estaba ocupada en otros menesteres y no pude acudir-. El pitorreo fue a más y desoyendo mis consejos, tantas veces repetidos en el pasado, se pusieron a hacer el indio en mitad de un claro y mojándose con la lluvia. Otro se puso debajo de un árbol haciendo más gracia y al más avispado le dió por coger el móvil para mandarme un mensaje. ¿A que es muy gracioso? En verdad les digo que existe la justicia divina porque “mis queridos” tuvieron una lección de órdago. Mientras se lo pasaban de lo lindo, un rayo cayó tan cerca de donde estaban que la onda expansiva les hizo tirarse al suelo, notaron como todo a su alrededor retumbó de forma acojonante y el ruido les dejó una pitada de oídos que les duró unas horitas. Tras el susto, corrieron a refugiarse al coche donde esperaron que amainaran las iras atmosféricas para luego poner rumbo a casa. Claro que se acordaron de mi, a la fuerza, pero ahora sí que me harán caso y desde luego que aprenderán a respetar las fuerzas de la naturaleza. ¡¡¡Menudos tontainas a los que aprecio!!! Aunque haya sido de esta manera, han aprendido la lección. Hay que ser más prudente que temerario y más respetuoso que alocado. En parte, me alegro que les haya pasado -sin consecuencias negativas-, pero hay gente que sólo aprende “dándose hostiazos”. Menos mal, que tengo otros amigos más sensatos, que aprendieron gracias a verme en plena crisis de pánico por las calles de Ciudad Real corriendo como alma que lleva el diablo en busca de un refugio seguro. Seguro que Amandine y Rander no lo olvidan en la vida… más que nada por las risas que se echaron a mi costa (mil besos os mando desde aquí).

Para concluir este largo escrito, esto va para los interesados en el tema, la Agencia Estatal de Meteorología… tiene una aplicación para detectar los rayos caídos en el territorio nacional. Les recomiendo su visita y vean cómo se desarrollan las tormentas. AEM.

Un saludo y recuerden… ser precavidos.

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