Hasta los ovarios ando con el temita. Sí, ya sé que llego tarde para la temporada alta de BBC´s… Bueno, tarde para esta temporada, pero -por si no se han dado cuenta, septiembre y octubre son demoledores porque es el inicio del verdadero año. Comienza el curso político, el educativo, el curso del decrecimiento económico familiar –cuya cúspide es la cuesta de enero-, el hidrológico, el agrícola, los coleccionables, la campaña de Navidad, los anuncios de perfumes…. Y el de las BBC´s. El otoño es una época llena de “putadillas bien untadas” –disculpen la expresión, pero ya lo entenderán-.

Vuelves de las vacaciones y cuando te has recuperado de la depresión post-estival, tienes que vaciar los bolsillos con “la vuelta al cole o al trabajo” (¿no dije antes que pasaría de hablar de este fenómeno? Bueno, sólo lo he mentado). Continúa el desembolso con el cambio de armario. Momento en el que te das cuenta que la ropa del año pasado te queda corta y tienes que equiparte para el invierno. A esto suma, facturas de todo tipo que vienen todas juntas. A estas alturas casi hemos despedido septiembre y piensas que ya has pasado lo peor…. ¡Ay alma cándida… qué engañado andas! Cuando el frío de octubre empieza a arreciar, al llegar las primeras heladas que invitan a refugiarte en casa junto al brasero, es cuando empieza lo malo. No sólo empiezas a moquear y estornudar de vez en cuando. No sólo te notas tristón porque mengua la ración de luz solar diaria. Al encerrarte cual hormiga en tu madriguera y aumentar las visitas a la familia… ahí, alrededor de ese brasero, entretenido en los quehaceres típicos de la estación como puede ser la elaboración de conservas… Ahí llega el hachazo final.

Pongamos una situación. La casita de campo, 60 kilos de pimientos, el doble de tomate, otros tantos de setas apartados para otra tanda la próxima semana y media familia metida. Los niños fuera jugando y los mayores dentro elaborando. Cada uno ya tiene su tarea: Unos asando los pimientos, otros escaldando tomates, los de aquí picando pimientos, los de allí pelando tomates, los de la lumbre haciendo pisto, los del medio liados con el asadillo, los del fondo supervisando, los de la puerta con los botes y el resto ha huido. Y así transcurre la mañana con un trajín incesante y entretenido, pero nada agotador jalonado de conversaciones de todo tipo que hacen que el tiempo pase más liviano. Hasta aquí es una bonita jornada otoñal de domingo.

Mediodía. Alto para comer unas gachas de la abuela y unos chorizos de los restos que quedan de la matanza que hay que terminar antes de que al nuevo cerdo de este año le llegue su san Martín y de postre el mostillo que se hizo la semana pasada. Se come en dos tandas. Primero los niños. Eso, que así vuelven a jugar antes y dejan a los mayores comer tranquilos. Es el momento de sacar las tapitas y tentempiés para abrir apetito: unos tomatitos aliñados –un pequeño detalle masoquista tras una mañana rodeada de ellos-, unas lonchas de queso en aceite y unos pepinillos… ¡Ale, a jugar chavales! Y llega el turno de los mayores en torno a la sartén con el tenedor en una mano y un cacho pan en la otra.

-“¡Qué haya orden! Que hay pa tos. Un paso alante y otro atrás”

–“Abuela, le ha quedao muy rica”

–“Si la he hecho como siempre”

–“Pues como siempre está de rechupete”

No se suele decir mucho más porque hay gusa y como todos sabemos que… oveja que bala pierde bocao… lo único que se oye es el batir de mandíbulas ejercitándose con gusto y con deleite. Hasta aquí, seguimos bien, pero cuidado que es la calma que precede a la tormenta. El hachazo se acerca…

Y viene con el aroma del café. Cuando todo se ha fregado, todos se han sentado y se ha servido la cafetera entera… justo en el momento en el que se sacan los dulces y comienzan las conversaciones más entretenidas salpicadas de cotilleos. Justo en ese instante, alguien rompe ese “locus amoenus” diciendo…

-“Ahora que estamos todos, vamos a hacer repaso. Este año tenemos 3 bodas que hay que preparar, 4 comuniones y 5 bautizos. ¿Sabemos ya las fechas?… Es para organizarnos”

Y con perdón, justo con esas palabras o similares, todo se va al garete y empiezan los nervios de los preparativos. Es el pistoletazo de salida de la nueva temporada de las BBC´s y cualquier idílico rescoldo de una jornada dominical campestre con tinte otoñal queda destruida. ¿Por qué? Porque ya todo gira en fechas, cosas pendientes, agendas, estimaciones mentales de lo que nos va a costar todo eso, lo que hay que comprar, regalar, prestar… todo esto teniendo en cuenta que por medio está Navidad y la cuesta de enero… y la cuesta de febrero (Dios con San Valentín en medio), marzo (día del padre y boom de cumpleaños), abril (semana santa… puff siento taquicardias), mayo (inauguramos comuniones)…. ¿Serán los bautizos antes? Seguramente porque tras las comuniones van las bodas… si, serán antes, pero ¿cuándo?…. y así sigues dándoles trabajo a tus neuronas en una combinación de fechas, operaciones bancarias, días libres que te quedan o puedes cogerte… mientras prestas atención a lo que los demás dicen para no perder detalle y empiezas a revolverte en la silla porque empiezas a notar un calor… sudas ligeramente, notas cierto nerviosismo, necesitas un cigarro. Así que te levantas, sales fuera, te quedas embobado mirando al horizonte totalmente en blanco hasta que te das cuenta que tienes a alguien al lado, lo miras, te mira y le dices

-¿Se ha quedado buena tarde?

–Si, aunque se ha levantado algo de aire.

Y vuelves a mirar al infinito con la mente en blanco que en un segundo plano sigue con sus cabalas… pero esta vez, no estás solo. Sabes que quien te acompaña está haciendo lo mismo que tú en una costumbrista escena que podría estar recogida en cualquier película de Paco Martínez Soria.

Tras un rato dejas ese set de rodaje y vuelves dentro. Vuelves a sentarte y te das cuenta que no has tocado el café… obviamente ya está frío y te lo bebes de un trago. Por las horas, ya han sacado las bebidas, así que te echas una copeja y sales de tu mundo propio para aterrizar otra vez en el salón de esa casa de campo donde la conversación ha avanzado bastante y haces un esfuerzo para ponerte al corriente. En ese momento, alguien te mira y te dice

–Y para Nochebuena tú te encargas de las ensaladas.

Respondes con un escueto vale y te preguntas si ya han cerrado el tema de las BBC´s. Sigues escuchando y descubres que los están compaginando junto con la Navidad, los Reyes y los Santos. Miras a tú alrededor y ves como algunos se han escabullido a cualquier rincón para echarse una cabezadita y olvidar momentáneamente esa sobredosis de datos que ya han condicionado y marcado los siguientes meses de tu vida haciéndote sentir que no eres el dueño de tu destino. Ya está todo escrito. No existe el libre albedrío, al menos, no existe para ti.

-“¿Te pasa algo?”

Reacciona, nena, alguien te está preguntando. Miras a esa voz y respondes

–No, estaba pensando.

¿Cómo explicar que pensaba en mi vida, en la libertad, en el destino, en la economía mundial, en la mía propia, en las vacaciones, en los regalos, en el paro, en los bancos, en el pisto, en los horizontes y en Paco Martínez de Soria?. Es imposible explicar eso sin que me tomen por loca. Así que me ubiqué al lado de la lumbre, desconecté y sólo centré mi atención en mirar el fuego.

La tarde pasó lenta en esos quehaceres otoñales liados con las conservas y pocas charlas. Al terminar y volver a casa, me duché, me puse el pijama, cené, me senté frente al televisor y me di cuenta que estaba agotada. ¡¡¡Ni que hubiera corrido la maratón!!! Me arrastré hasta la cama, me arropé y… no he podido dormir. ¿Por qué no puedo dormir? Porque me di cuenta que mis neuronas seguían trabajando y procesando tantos datos. ¿Qué datos? Pues estaban ocupadas reflexionando sobre mi vida, la libertad, el destino, la economía mundial, la mía propia, las vacaciones, los regalos, el paro, los bancos, el pisto, los horizontes y Paco Martínez de Soria.

¡¡Ah si!! También en 3 bodas que hay que preparar, 4 comuniones y 5 bautizos. De momento.

En cuanto abran las tiendas, compraré una hucha. Ya que como están las cosas, otro agujero del cinturón me tendré que apretar.

Buenas noches o buenos días. Según lo quieran mirar.