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Continuación de Hasta la vista abuelo (I)
Como les decía, el abuelo estaba cada vez más cascarrabias y, en ocasiones, pensaba que sólo mi abuela era capaz de entenderle, pero con un poco de empatía podías entender sus reacciones –yo actuaría igual que él-. Debió ser duro para él muchas cosas que empezó a vivir como perder independencia, cuando le quitamos el coche al convertirse en un peligro al volante por no estar al cien por cien de sus capacidades, ver cómo cada día le iba costando más moverse, ver cómo no podía irse de paseo solo, tener que ir pidiendo ayuda para hacer cualquier cosa… es duro y le voy entendiendo cada vez más. Incluso ya casi ni podía disfrutar del placer de leer, aunque a pesar de eso seguía llevándole o regalándole cualquier libro que me encontraba y que sabía que le iba a gustar.
Al final, creo que no le quedó otro remedio que ir acostumbrándose a que su mujer y sus hijos le tuvieran que ayudar –es algo natural al fin y al cabo-, pero también creo que una de las cosas que más le ha tenido que costar fue tener que pedirle a su nieta ayuda. Sólo pasó una vez y fue duro para los dos. Estaba en el hospital y estábamos solos… sé que evitó hacerlo, pero al final no le quedó otro remedio. Fui consciente de lo violento que era para él –para mí también- y le quité hierro bromeando todo el rato. ¡¡¡Es muy jodido envejecer!!!
Los sustos seguían y empecé a ver el miedo en los ojos de mi abuelo. Miedo que me transmitía y no quería ni pensar en eso. El gran luchador tenía miedo y eso no era nada bueno. El lobo volvía y empezaba a verle las orejas. No era nada bueno. En esos momentos de miedo, él se aferraba a su inseparable compañera: mi abuela. Era la única que con su presencia le daba paz y tranquilidad. En una ocasión me confesó que él ya pedía pocas cosas en la vida y una de ellas era que él quería irse primero. ¡¡Eso no se le debería decir nunca a un nieto!!… pero agradecí la confidencia. El dios desapareció y, ante mis ojos, quedó un temeroso hombre de carne y hueso. Claro que entendí lo que quería decir. Hasta eso, ha cumplido.
Desde que descubrí el miedo en sus ojos, empecé a ver cómo se iba poniendo metas –como bien definió una de mis tías-. Eran objetivos por los que luchaba infatigablemente, que con su perseverancia y ganas de vivir, los ha ido cumpliendo todos. Ha conocido a todos sus nietos, ha cumplido las bodas de oro con mi abuela, ha asistido a las bodas de plata de sus hijos, ha llegado a su cumpleaños… tan sólo se ha quedado a puertas de nuestra cita de Nochebuena por muy poco. Por muy poco. Creo que consciente de ir cumpliendo esas metas, las ha vivido emocionándose en cada ocasión y dejándonos ver cómo saboreaba esos momentos intensamente.
A pesar de los avisos sobre su estado de salud, que las entendidas de la familia nos hacían, el resto no queríamos ver la realidad ni ser conscientes de la titánica lucha que mi abuelo tenía con el paso del tiempo. Una batalla perdida de antemano, pero que él siguió con empeño porque disfrutaba con la vida. Sin embargo, a pesar de sus deseos y determinación, la maquinaria se fue apagando. Las últimas veces que le vi, algo había cambiado. Siempre que había estado ingresado, a pesar de la incertidumbre y el susto, yo le miraba y veía en sus ojos sus ganas de seguir y dentro de mí sentía paz y la certeza de que saldría de esa. Hace dos domingos, le observaba y le veía tan cansado. En sus ojos veía cansancio y sentí un nudo en el estómago. Intenté compartir mi temor con mi madre, pero no era capaz de pronunciar la maldita palabra por miedo de atraerla con solo mencionarla. Y marché con ese nudo, ese mal presentimiento.
Esa noche, fue al hospital. Todos los días, llamar, preguntar y misma respuesta. Le oía, pero no podía ponerse al teléfono, pero le oía. Viernes… le vi. Tenía miedo de cómo estaría, pero incluso bromeé con su aspecto. No hablé mucho con él porque tenía tanto sueño que estaba todo el rato dando cabezadas, así que le miraba y le preguntaba a mi madre cómo había pasado la semana, cómo estaba, qué había dicho el médico… Al irme, por no despertarle, le besé en la frente y le dije a mi madre que me daba la impresión de que esa noche dormiría tranquilo. ¿Por qué narices tuve que decir eso?
Esa noche se fue… Lo que viene después ya imaginarán. Demasiado reciente para contar.
Sólo queda la reflexión. Es egoísta desear que se quedara porque hubiera tenido una calidad de vida mala… ya casi ni comía –con lo que disfrutaba-. Así que estoy feliz porque no sufrió y fue rápido. Eso me consuela. Hasta eligió una fecha singular.
Sin embargo, ahora no puedo evitar pensar todo lo que me ha quedado por hacer: todas las preguntas que no hice, memorizar todas sus historias, las notas que no tomé, las cosas que aún me quedaban por aprender, los debates que dejamos pasar…. Tantas cosas que no se han hecho porque dábamos por hecho que aún había tiempo… Ahora queda el recuerdo, la memoria y disfrutar de lo vivido. Recordar su interés y curiosidad por todo lo que le rodeaba, su capacidad de disfrutar con las cosas más simples, sus lecciones, sus palabras, sus anécdotas, sus logros, sus vivencias… pero sobretodo recordar todo lo que hemos vivido con él y saborear lo que nos ha dejado: la familia. Recordar, en positivo… recuerdos que nos llenen de alegría y no de tristeza, que nos hagan reir y no llorar. Sé que nos quería y adoraba a todos como nosotros a él, por eso la mejor manera de honrarle es honrando lo que él ha creado: el clan que somos con la abuela a la cabeza.
Mi madre me ha pedido que rece por él, pero tengo un problema con el de arriba desde hace un tiempo y no sé si lo podré cumplir… Lo que si cumpliré con todo el gusto del mundo es recordar a mi abuelo y padrino, amarle con todo el corazón y no olvidarle.
Abuelo, vayas donde vayas que tengas un buen viaje… recuerda que llevas buena lectura para el trayecto y no te olvides de velar por los que aquí seguimos.
¡Hasta la vista, abuelo! Te quiero.
9 comentarios a "Hasta la vista abuelo (II)"
[...] Y eso explicaría también porque cada vez lo veíamos más cascarrabias… yo también actuaría así. Continua en Hasta la vista abuelo (II)… [...]
Cuando todas las palabras que seas capaz de decir… no van a ser mejores que tu silencio… entonces ¡callate!
Esto por hoy… mañana, quizás lo estropeo añadiendo… palabras.
Hola, Aloque
Me parece que esta vez te has pasado, no por el contenido, sino por la largura. No sé si todos los lectores de tu blog tienen la paciencia y tiempo que yo esta vez he tenido para leerte hasta el final.
Muchos saludos
El Alquimista
Siento la extensión, pero no he podido resumir más. Disculparme todos.
Lo que te pido, si me lo permites, es que hagas lo que hagas, seas quien seas y te vaya la vida como te vaya… nunca le olvides. Y otra cosa: cuando a tu edad, lanzas esta oda a tu abuelo, sientete MUY afortunada, porque con 20 , otros se la lanzamos a nuestro padre. (Navajazo por la espalda)
Es digno y habla bien de ti este post, pero piensa en aquello de la “ley de vida”. No seré cruel contigo, pero el jefe del clan murió. TE QUEDA EL CLAN. Centrate en eso o no, segun quieras. Y oye, si era cascarrabias y le gustaba mandar, igual estás anticipando mi obituario. Uhhhhh mal rollo. HAY QUE MORIR CON DIGNIDAD , COÑO y parece que él lo consiguió. Hay que vivir Aloque y tras eso, hay que morir… es la mejor forma de acabar que se me ocurre. Hasta los libros, tienen un final. ¡Que le quiten lo bailao! Mis respetos para el patriarca, para su orgullo, su mala hostia y su insumisión. El era el jefe, coño. Siempre y por siempre y esta Nochebuena lo comprobareis. El …”estará”… mandando, como corresponde y no creas aquello de que… las lagrimas por los que se fueron, amargan la fiesta. Es mentira. En mi boda hubo una silla vacia, junto a mi madre, porque el abuelo, decidió marchar antes.
Vive, porque cualquier dia, tenemos que negociar con San Pedro o la madre que lo parió-.
Eres una campeona, acabo de ver los paises de los que proceden los visitantes a tu blog y estoy aun flipando. Te agradezco que me hayas regalado el famoso mapita de la leche, pero me siento humillado…¿pero que coño haces??? Te vas a convertir en la bloguera mas visitada… ¿o ya lo eres???? Joer . Te dejo..voy a cortarme las venas, eso si, manchando lo menos posible.. Oye (perdonemme los cristianos la broma) …¡cuando estes en el paraiso…acuerdate de mi! Ave. Aloque.
Anda anda… que ya estamos otra vez con el tema… jejejeje. Tiempo y paciencia y ya verás.
te quiero abuelo y rezad por él y rezad siempre aunque no seáis creyentes.
Gracias mari.
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