Gustav Klimt

La vida y la muerte

Últimamente hemos asistido, como meros espectadores, a la decisión vital más importante que puede tomar un ser humano. Algo que nos diferencia de los animales es poder, no sólo autodestruirnos como especie en cruentas guerras, sino también poder decidir cuándo y cómo morir, aunque son las normas sociales las que condicionan ese último detalle. De hecho, cada vez que sale en los medios la historia de una persona que decide terminar su vida con decoro (Eluana Englaro, Ramón Sampedro, Inmaculada Echevarría…), la sociedad reacciona en un debate interno que no se resuelve, simplemente el tiempo diluye la cuestión… se pierde y las palabras caen en el olvido hasta la siguiente ocasión, pero no se decide un camino, una norma a seguir que impida el sufrimiento innecesario del que ya ha tomado tan compleja y difícil determinación: su propio fin.

Escucho: LAGRIMA, Dulce Pontes

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¿Por qué en nuestro actual estadio dentro de la evolución humana se acepta socialmente la programación del nacimiento de una persona con una garantía del menor sufrimiento posible –las cesáreas programadas- y se rechaza tajamente la programación de su fin con dignidad y sin sufrimiento –eutanasia-? Personalmente no me gustan las medias tintas y si en un cabo cedemos igual debe ser en el otro extremo.

eutanasia.

(Del gr. εὖ, bien, y θάνατος, muerte).

1. f. Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él.

2. f. Med. Muerte sin sufrimiento físico.

Fuente: Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Servidora es partidaria de la eutanasia al 100%. Servidora también es partidaria de las herramientas que hoy en día se disponen –en espera de una futura y, espero pronta, regulación o ley de la eutanasia- para garantizar en lo máximo que permite la sociedad el ejercicio del derecho a una MUERTE DIGNA. En España, se conoce como TESTAMENTO VITAL o DECLARACACIÓN DE VOLUNTADES ANTICIPADAS.

¿Qué es el testamento vital o declaración de voluntades anticipadas?

Se entiende por Declaración de Voluntades Anticipadas la manifestación escrita de una persona capaz que, actuando libremente, expresa las instrucciones que deban tenerse en cuenta sobre la asistencia sanitaria que desea recibir en situaciones que le impidan expresar personalmente su voluntad, o sobre el destino de su cuerpo o sus órganos, una vez producido el fallecimiento. Podrá formular dicha declaración toda persona mayor de edad, que actúe libremente y que no se encuentre incapacitada judicialmente para emitirla. (Fuente: SESCAM)

En España, más de 60.000 personas han redactado su testamento vital. Aunque la cifra debe ser mayor, ya que cada comunidad tiene sus propios registros y no estará aún los datos exactos lo suficientemente centralizados. De hecho en Castilla-La Mancha hay inscritas 1.348 voluntades anticipadas a 31 de diciembre de 2008, en un documento que empezó a funcionar en septiembre de 2006. Y tengo el orgullo de poder decirles que soy una de esas 1.348 personas.

Empecé a considerarlo en 2006, cuando comenzó en CLM a funcionar la declaración de voluntades anticipadas. Fue una decisión que medité durante mucho tiempo. Tiempo que usé para informarme sobre el tema. Tenía claro que lo haría por una razón: dejar aún más clara mi voluntad de donar mis órganos –una de las indicaciones que puedes tomar en la declaración-. En realidad, tengo muy claro que mi familia en caso de fallecimiento, donaría mis órganos con o sin mi consentimiento –ellos también son donantes-, pero en ese momento había una sombra o más bien una incógnita: Mi pareja. Pensando en futuro, me planteé si mi compañero sería capaz de mantener mi decisión –mi voluntad- y dudé de que fuera a hacerlo cuando me expresó su parecer. A pesar de ser donante desde mi mayoría de edad, de llevar el carnet en mi cartera, de haberlo puesto en conocimiento de todos mis allegados… en el momento crítico, la familia o la pareja pueden hacerte la jugada y negarse en redondo. ¿Por qué? Porque no hay una legislación sobre el tema lo suficientemente clara. La última palabra está siempre en manos de los más allegados. Así que la declaración de voluntades anticipadas era y es un peldaño más –mucho más contundente que un simple carnet- y tan válido como si fuera un testamento firmado ante notario. Eso me decidió. No es que desmereciera a mi pareja, simplemente le estaba ahorrando un posible dilema moral y personal.

Pero tardé tiempo porque tuve que enfrentarme ante el resto de opciones que la declaración permite escoger: ¿quería que me reanimaran, quería que me dejaran morir, quería cuidados paliativos para enfrentarme al dolor, quería que me mantuvieran viva atada a una máquina, quería…, quería… o no quería?

Durante un tiempo fui monotemática. Aburriría a más de uno con mis interminables reflexiones llenas de probabilidades. Más de uno me esquivó tildándome de loca o de pájaro de mal agüero por cuestionarme mi propia muerte estando “en la flor de la vida” o simplemente por dedicar un segundo a esos temas. ¿No podían comprender que algo tan mortal puede ser vital para llevar una existencia más tranquila? Paradójicamente lo decían personas de un ferviente catolicismo que exalta semanalmente la muerte de un dios, cuya máxima festividad es su agonía, muerte y enterramiento y que viven con la culpa y la promesa de una vida en un “más allá” de penar si se peca o de gloria si se vive en gracia. Esta situación siempre me hace gracia. Una anticlerical y casi atea, según el día, meditando las condiciones de su muerte que puede preveer y unos creyentes que viven su existencia procurándose una vida mejor tras su muerte. ¡¡¡Y yo era la del mal agüero!!! jajajaja

Volviendo al tema, me costó superar mis propios prejuicios y me enfrenté en mis ensoñaciones con el tío de la guadaña –al que sigo teniendo auténtico pavor-. Al final, me tuve que tomar un café con él para poder decidirme. No… no he tenido una experiencia cercana a la muerte, no me malinterpreten. Lo personifiqué mentalmente y le expresé mis miedos. En ocasiones, sacar al exterior lo que nos reconcome por dentro–como hago en este blog- aclara hasta los asuntos o momentos más negros y en este tema fue así. Tras ese café con la muerte, me senté y sin vacilación rellené los papeles sin dudas, sin temores y sin miedos… casi todas las casillas marcadas (no quiero donar mi cuerpo para que unos estudiantes de medicina me rajen y me cosan, por ejemplo)… y finalmente lo presenté.

Y me quedé más ancha que larga. Tranquila y feliz. Puede que llegado el caso, no se tengan en cuenta, lo que me enojaría sobremanera, pero al menos lo he hecho y creo que he ahorrado a mis allegados decisiones muy difíciles de tomar si se diera la ocasión. Si ya son momentos duros, la agonía o la pérdida de un ser querido… el decidir sobre su fin… es un dilema que entiendo puede ser desgarrador. Creo que evitar ese sufrimiento, esa duda, esa ocasión también es un acto de amor o cariño hacia ellos (otro punto a favor del testamento vital).

No quiero terminar hablando como mucha gente estos últimos días sobre Eluana, aunque si que hablaría y con gusto de la egoísta y populista intervención del señor Berlusconi para intentar destruir la última voluntad de esta mujer… pero si lo hiciera… rezumaría hiel. Sólo diré una cosa: REDACTAR UN TESTAMENTO VITAL PODRÍA EVITAR MÁS CASOS COMO EL DE ELUANA ENGLARO.

Prefiero quedarme con mi reflexión, prefiero quedarme con la idea de paz que tuvo que sentir esa mujer tras tantos años de sufrimiento, prefiero acordarme de mis vivencias con el asunto de Ramón Sampedro que tanto me emocionaron –siempre me acuerdo de ese hombre-, prefiero quedarme con sus palabras y tomo como referencia su testamento, pero sobretodo sus poemas…

Cuando yo caiga, como fruto maduro del árbol de la vida,

dejadme allí mismo, donde yo caiga,

para que me abrace el sol y el viento y la luna

que la vida me devore, dentellada a dentellada.

Que cada uno recoja el amor que me dio:

la luz, su luz; el agua, su agua;

la tierra, su ceniza; su espíritu, el viento.

Que coja cada uno lo que le corresponda.

Pero que no me oculte la codicia humana

en la mazmorra de los muertos, en una jaula sagrada

aferrada a un recuerdo, llorando como un niño

que no quiere devolver lo que se le prestó.

(…)

No me cubras de tierra ni me metas en un nicho.

Si no quieres mirarme, llévame a campo abierto,

déjame contemplar el cielo para irme repartiendo

entre todo lo que quiera llevarse algo de mí:

Un gusano, una mosca, un pájaro cualquiera…

hasta que me consuman por amor regalado

para empujar la vida soñando pero libre,

que cada uno recoja lo que me dio prestado.

Así, cuando yo caiga, dejadme caído

para retomar a la vida allí donde yo caiga.

RAMON SAMPEDRO (falleció el 12 de enero de 1998)

Si quien lea estas líneas quiere saber más sobre la DECLARACION DE VOLUNTADES ANTICIPADAS o el TESTAMENTO VITAL le dejo unos enlaces con toda la información.

Tras mucho tiempo sin escribir en este blog (en mi personal crisis de la pantalla en blanco), les mando un saludo y espero que les haya provocado un mínimo de conflicto interno sobre este tema. Ese es mi deseo. Hasta la próxima.