El lobo vuelve a tierras castellanomanchegas. Al menos, eso dicen por ahí. Hasta que no me encuentre uno en la Atalaya no sé yo si habrá vuelto del todo. Disculpen el comentario, pero gratamente me he topado con un hilo que me ha llamado la atención en los foros de, esta nuestra casa, miciudadreal.es que he estado siguiendo con curiosidad tanto por las opiniones como algunas experiencias que se han comentado. A raíz de una noticia publicada en el diario Lanza con el título El lobo ibérico vuelve a Castilla-La Mancha”, los foreros han comentado esta feliz noticia. Y yo quiero sumarme a su alegría y darles mi apoyo divulgando una de esas experiencias.

El siguiente texto es de una de esas foreras y amiga:

Estaba de acampada… bueno era una ruta y hacíamos noche a cielo abierto solo durmiendo en los sacos. Elegimos dormir bajo un tejo centenario que hay entre la sierra de Alcaraz y Ríomundo. Me tocaba guardia de noche y antes de retirarse a dormir reconocimos los alrededores por precaución. En teoría había dos riesgos a priori: los jabalíes porque estábamos quitándoles su zona de descanso, pero no eran riesgo porque con toda seguridad al olernos se irían -como así fue- y el riesgo más importante de esa noche eran las garrapatas al estar en el dormitorio de los jabalíes. El resto de responsables me dieron la buenas noches y se apartaron del grupo para cenar y descansar no sin antes gastarme una broma con los lobos.

¿Lobos? -pregunté- Si aquí no hay.
Claro que si -respondió el bromista- Hará un par de años que se les ha vuelto a ver. De hecho en el reconocimiento hemos visto huellas, pero no eran recientes. Que tengas buena noche.


No me hizo gracia entonces quedarme al cargo de una veintena de chiquillos sola, mientras el resto de monitores descansaban a una considerable distancia del grupo. Distancia que ahora me parecía aún más insalvable en caso de urgencia. Y me dió por comerme la cabeza con ideas del tipo “ni siquiera tenemos un arma por si acaso”, “lobos… y se preocupan más por las garrapatas habiendo lobos” y cosas de esas planeando la noche según los nuevos riesgos (si, soy una monitora bastante exagerada con la prevención de riesgos y bastante previsora evaluando potenciales peligros). Al mismo tiempo, estuve contándoles historias de miedo a los chicos -como me hicieron prometer- que más tarde les haría tener un sueño ligero, algún desvelado y quizá alguna pesadilla que diera algo de animación a mi guardia y me mantuviera ocupada y bien despierta. La Santa Compaña nunca me falla.

Como medida defensiva los hice dormir en círculo. Los más pequeños en el centro y los mayores cerrando el grupo ya que bajo el tejo no podía ver nada a pesar de la espectacular luz de una luna llena y plena. La sombra del árbol me dificultaba ver a los niños en la oscuridad. El círculo me ayudaba a tenerlos juntos y como ya tenía la paranoia en la cabeza, en caso de ataque sería más asumible defender el grupo y proteger a los más pequeños. A los mayores -de 18- les hice dormir con un palo a mano -por si las moscas- y todos apoyando su cabeza en los pies del otro. Los dos mas cercanos a mi dormían sobre mis piernas y eran los únicos a los que avisé que si en mitad de la noche les despertaba sería para defender. Yo me busqué un arbol para apoyar la espalda y tenerla protegida en caso de ataque (repito que soy muy exagerada cuando soy la responsable de algo).

Y comenzó la guardia. A las 11 oimos ladridos, pero recordé que había una granja cerca así que descarté la ideas de perros asilvestrados -algo infinitamente peor que veinte manadas de lobos-. Se callaron al cabo de un rato y no los volvimos a oir. Sobre las 12 empecé a oir ruidos de hojas y pasos bajando al tejo, pero no podía ver por la sombra de los árboles. Nervios, cuerpo en alerta, sentidos aguzados… los jabalíes. Me tranquilicé cuando se fueron. Ni se acercaron….. (pasa el tiempo)…. a la una menos cuarto, un ruido me asusta porque proviene de interior del círculo y no son los chicos. Suena una bolsa de plástico y algo está siendo arrastrado. Cojo despacio la linterna, apunto hacia donde viene el ruido y la enciendo. Me vuelvo a calmar. Era un ¡¡¡zorro!! un precioso zorro que intentaba llevarse una mochila y salió huyendo al verse sorprendido. Tendrá algo de comida mal cerrada en ella. Mañana lo revisaré. Anda que si es un lobo y me come ni lo he oido entrar ni acercarse -pensé. Seguí con mis pensamientos, con la imagen del zorro y disfrutando del paisaje que si podía ver más allá del tejo y que la luna iluminaba mientras acariciaba el pelo de uno de los pequeños que no conseguía dormirse tras mis historias y se empeñó en dormir sobre mis pies.

Y el tiempo siguió pasando y yo seguía con mis pensamientos mientras tenía la vista fija sobre un claro entre los árboles que estaba a unos 8 o 10 metros de mi posición, cuando sin un ruido previo que lo anunciase una figura salió de la oscura maleza y la luna lo iluminó y yo me quedé paralizada por el shock, mi corazón se desbocó y empecé a rezar para que se fuera mientras a la vez me maravillaba de lo bello que era. Más de metro de altura, esbelto, lomo oscuro, patas blancas, rostro bello… era bello, mirada inteligente y dientes. El escrutinio era mutuo. No quería mover ni un dedo por no llamar más su atención, rogaba para mi que ningún niño se moviera. no parecía demasiado interesado, no parecía hambriento, pero no se le veía con ganas de irse. Bueno, si es solo uno puede que me de tiempo a levantarme y cruzar el círculo antes de que él llegue a tocar a los niños si ataca -pensaba cuando a mi derecha un ruido de hojas aumentó mi miedo, mis pulsaciones y convirtió en realidad la peor de mis posibles amenazas en esa noche. Giré los ojos sin mover la cabeza y por el rabillo del ojo vi otra silueta. No, una manada no. Seguí barriendo con los ojos y vislumbré 5 más. Mierda, mierda es una manada. No hacen ruido los condenados. Si grito para llamar a los otros monitores la lío, si no lo hago estamos perdidos, si…. desperté a los chicos que dormían sobre mis piernas despacio sin movimientos bruscos y les dije que no se movieran pero que teníamos problemas. Desde ese momento, estuvieron despiertos y alerta. De hecho, uno de ellos fue el que me confirmó que el ruido que llegaba desde detrás de mi era otro lobo a unos 5 metros.

Y este era el panorama. No se les veía preparados para atacar, sino tranquilos, pero no me garantizaba nada. El primer lobo que vi se tumbó y nos siguió contemplando tooooda la noche sin moverse. El resto estuvieron rondándonos, aunque no puedo decir con seguridad cuantos eran porque no les podía ver cuando entraban en las sombras de los árboles. Supuse que el primer lobo sería el alfa, así que sin moverme le sostuve la mirada tooooda la noche. Aparecieron sobre las 2 de la mañana y no se fueron hasta que empezó a amanecer sobre las 6 y media o 7. No atacaron, pero tampoco huyeron; no se acercaron al círculo, pero tampoco dejaron de rondarnos; no actuaron con esa cautela casi instintivo miedo cuando se topan con humanos, sino seguros de que controlaban la situación (esa manera o arrogancia era lo que más asustada -asustada no… pánico era ya- me tenía de que pudieran atacar)…. Cuando empezó a clarear, el primer lobo se incorporó, se giró y se perdió por la ladera silenciosamente. Al poco, el resto le siguieron y por fin pude relajarme. Les dije a los chicos -mis guardaespaldas- que durmieran algo porque estaban derrotados.

Me mantuve alerta hasta que aparecieron mis compañeros con todo el equipo y los chicos se despertaron. El monitor jefe me preguntó qué tal había ido la noche y bromeó con mi mala cara y lo entumecida que parecía mientras me estaba estirando entre quejidos. Estaba completamente agarrotada por la tensión y el no haberme movido en toda la noche. No le respondí. Del pánico pasé a un cabreo monumental con mi jefe. Mientras desayunaban registré la mochila que el zorro intentó llevarse. Magdalenas en una bolsa sin cerrar. Claro y me reí al recordar la imagen del zorro llevándose la mochila y su cara de me han pillado. Acto seguido cojí al monitor jefe, me lo llevé al punto donde había estado el primer lobo, le señale el suelo y vió las huellas. Le cambió la cara al punto.

Uno no es nada. Seguro que se fué enseguida. -sonreía. Negué con la cabeza- ¿Cuántos?

Conté 8 pero pudieron ser más -le respondí.

Su cara era de preocupación supongo y espero que estuviera valorando lo que pudo haber pasado y las consecuencias que eso traería después. Mientras mi cabreo iba en aumento mientras pensaba en que a partir de ese día no volvería a descojonarse de mis exageraciones a la hora de preveer riesgos e ir bien equipados porque no me quería volver a ver en una de esas en la vida. Acabé echandole el broncón del siglo y cuando me calmé seguimos con la ruta. Los chavales se enteraron por mis “guardaespaldas” de la visita de los lobos y fue la comidilla durante la marcha. Todos querían haberlos podido ver y me bombardearon con preguntas de porqué no les desperté, qué hicieron, cuántos, cuanto tiempo…. ¡¡¡SI ELLOS SUPIERAN!!!

Y esta es mi experiencia. Increible, única, maravillosa… de las mejores cosas que me han pasado en la vida, pero también es la noche más terrorífica, larga, tensa, cansada….que he pasado en la vida. ¿Lo volvería a repetir para verlos tan de cerca? Si, pero sin niños a mi cargo y bien equipada y a resguardo.

Francamente…  una experiencia increíble. No se puede añadir más. Me ha encantado.

Un saludo forera.